Desde el área de Educación Física se realizaron unas jornadas de "Juegos Tradicionales" y "Deportes Autóctonos" con el alumnado de 1º a 4º de Primaria. Durante unas horas pudieron aprender y practicar en pequeños grupos alguno de los juegos de siempre como la rana, los bolos, la rayuela, la diana, la siete y media, las tabas, acercar a la línea y el cubo. También probaron su fuerza compitiendo por clases en el tradicional "tira-soga".
En las cocinas industriales, el humo no es decoración, ni el vapor un efecto especial. En los fogones de verdad, donde se fríe, se cuece y se asa sin tregua, el aire debe ser limpio, respirable y libre de partículas grasas. Y para que eso ocurra, hay un actor silencioso que lo hace posible: la campana extractora industrial con motor. Ese pulmón de acero inoxidable que respira por la cocina cuando el calor aprieta y el servicio no da tregua.
Hablamos de maquinaria de precisión, de equipamiento robusto y pensado para el combate diario. La campana extractora no es un accesorio más: es una necesidad. Y no cualquier campana vale. Hablamos de soluciones pensadas específicamente para cocinas profesionales, donde el ritmo y la exigencia no permiten errores ni aparatos mediocres.
Hay un elemento común que reina en todas las cocinas industriales que funcionan bien: el acero inoxidable. Este material no solo resiste la corrosión, las altas temperaturas y el desgaste diario, sino que es el más higiénico, fácil de limpiar y duradero. Dentro de este universo de acero, las campanas extractoras —con o sin motor— se llevan el protagonismo por derecho propio.
Una campana extractora industrial bien instalada y dimensionada es capaz de transformar el ambiente de trabajo de una cocina entera. Desde la extracción de humos hasta la reducción de olores y el control de temperatura, su función es tan esencial como invisible. Pero cuando falla... el desastre es inmediato.
Cuando se trata de escoger una campana extractora industrial con motor, hay que tener en cuenta múltiples factores técnicos. No es cuestión de estética ni de presupuesto solamente, sino de entender las necesidades específicas de cada cocina:
Todo ello encaja dentro de una lógica: optimizar el espacio, proteger al equipo humano y garantizar la calidad del producto final. Porque sí, una mala ventilación puede arruinar incluso el mejor plato.
Pero la campana extractora es solo la punta del iceberg. El conjunto del mobiliario de hostelería debe responder al mismo nivel de exigencia: resistencia, funcionalidad y cumplimiento normativo.
Si hay un elemento que define a una cocina industrial, es su capacidad para operar sin interrupciones. La temperatura constante, el ruido del pase, las ollas a pleno rendimiento… Y en ese entorno, la campana extractora actúa como reguladora del caos. Su instalación correcta no solo evita acumulaciones de grasa o gases tóxicos: es garantía de seguridad laboral y cumplimiento normativo.
En cocinas industriales bien diseñadas, todo gira en torno a la funcionalidad. Las campanas pueden ser murales, centrales, compensadas o con sistemas de extinción integrados. La elección del modelo depende del diseño de la cocina, de la distribución de los fuegos y de la capacidad de extracción requerida.
Una campana extractora sin mantenimiento es como un coche sin revisiones: tarde o temprano, se para. Y cuando eso ocurre en mitad del servicio, las consecuencias pueden ser desastrosas. Por eso, el mantenimiento periódico —limpieza de filtros, revisión del motor, desengrase de conductos— no es una opción: es una obligación para cualquier negocio que se tome en serio su cocina.
Además, la falta de limpieza puede derivar en inspecciones sanitarias negativas, sanciones económicas o, peor aún, incendios que comprometan la integridad del local. Una campana bien mantenida es sinónimo de prevención, ahorro y tranquilidad.
Invertir en una buena campana extractora industrial no es un gasto, es una apuesta por la eficiencia operativa. Entre los beneficios más notables encontramos:
En el mercado actual existen múltiples modelos de campanas extractoras industriales. Lo fundamental es adaptar la elección al diseño de la cocina y a las necesidades reales del negocio:
Cada tipo tiene su razón de ser, y su elección debe partir siempre de un estudio técnico previo. Solo así se puede garantizar una instalación segura y eficiente.
Tan importante como la campana en sí es su instalación. Una mala colocación, un mal cálculo del caudal o una evacuación deficiente pueden anular todas sus ventajas. Por eso, insistimos en la necesidad de contar con profesionales especializados que midan, evalúen e instalen con criterios técnicos precisos.
La inclinación, la distancia respecto a la fuente de calor, el diámetro de los conductos, la insonorización del motor… cada detalle cuenta. No hay lugar para la improvisación cuando lo que está en juego es la seguridad, la higiene y el rendimiento de una cocina profesional.
Una campana extractora industrial con motor no es un lujo, ni un añadido opcional. Es el elemento vital que permite que todo lo demás funcione. Una cocina sin una buena extracción está condenada al caos, al humo, al cansancio y al fracaso.
Por eso, insistimos: invertir en una campana de calidad es invertir en tu equipo, en tu producto y en tu reputación. Y si el acero inoxidable es el material que lo envuelve todo, su corazón debe latir con fuerza, potencia y constancia. Solo así, en medio del calor y el ruido, tu cocina respirará con tranquilidad.
Normativa del CTE (Código Técnico de la Edificación) aplicable a colegios y su exigencia en materia de resistencia al fuego.
La normativa española del CTE establece desde 2006 un marco obligatorio que regula la seguridad, habitabilidad, accesibilidad y eficiencia energética en la construcción de edificios, incluyendo los centros educativos. En materia de prevención de incendios, el Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio (DB-SI) especifica medidas de protección que buscan garantizar la integridad de las personas, la limitación de daños materiales y la intervención segura de los servicios de emergencia.
En el caso de los colegios, aunque no exista una sección exclusiva para uso docente, se consideran de pública concurrencia, lo que implica el cumplimiento de los criterios más exigentes del DB-SI en aspectos como compartimentación, evacuación, resistencia estructural y protección pasiva.
Según el DB-SI, los colegios deben estar divididos en sectores de incendio con una superficie máxima habitual de 2.500 m², aunque esta cifra puede variar según las características del edificio. Las paredes, forjados y puertas cortafuegos que separan estos sectores deben contar con una resistencia al fuego mínima de EI 60 y, en situaciones de mayor riesgo, hasta EI 120 o más.
En construcciones donde predomina el acero estructural, es habitual el uso de protecciones pasivas como morteros ignífugos o recubrimientos especiales, destacando la pintura intumescente r90, capaz de expandirse con el calor y formar una capa aislante que retrasa el colapso de los elementos portantes.
El apartado SI-2 del DB-SI regula la propagación exterior del fuego, exigiendo que fachadas y cubiertas ofrezcan una resistencia mínima de 120 minutos, salvo que exista separación suficiente entre sectores. En la práctica, esto implica la utilización de materiales de baja combustibilidad y el tratamiento de elementos metálicos expuestos.
Para el acero en estructuras de fachada, el uso de pintura intumescente r60 es una solución eficaz y económica, ya que permite alcanzar el tiempo de resistencia requerido sin incrementar de forma excesiva el peso o el volumen de los perfiles metálicos.
En el SI-3, el CTE establece que el recorrido máximo hasta una salida segura no debe superar los 35 metros. Además, regula los anchos mínimos de pasillos y puertas en función del número de ocupantes, y determina el tipo de escaleras necesarias según la altura de evacuación:
Escaleras protegidas para alturas intermedias.
Escaleras especialmente protegidas para edificios de mayor riesgo o altura.
En la planificación arquitectónica de colegios, la distribución de aulas, zonas comunes y salidas de emergencia debe permitir una evacuación fluida y segura, garantizando que las rutas de escape no se vean comprometidas por humos o llamas.
El apartado SI-4 del DB-SI obliga a la instalación de extintores portátiles, bocas de incendio equipadas, sistemas de rociadores automáticos y, en algunos casos, columnas secas. Estas medidas se dimensionan según la superficie construida y el número de ocupantes.
El SI-5, por su parte, garantiza la accesibilidad para los vehículos de bomberos, incluyendo calles de acceso, resistencia del pavimento, espacios de maniobra y puntos de conexión. También regula la ubicación de huecos en fachada para facilitar el rescate y la ventilación durante un incendio.
El apartado SI-6 especifica que la estructura debe mantener su capacidad portante durante un tiempo mínimo que oscila entre 15 y 180 minutos, en función de la altura del edificio y su uso. En centros educativos de hasta 15 metros de altura, se exige una resistencia mínima de 60 minutos, equivalente a soportar temperaturas cercanas a 950 °C en el sector incendiado.
El comportamiento al fuego depende del material estructural:
Hormigón armado: suele cumplir la exigencia de forma natural si tiene el recubrimiento adecuado.
Acero: requiere protección pasiva como morteros, paneles ignífugos o pinturas intumescentes.
Madera: se sobredimensiona para compensar la carbonización.
Fábrica: puede necesitar revestimientos adicionales para alcanzar la resistencia requerida.
En estructuras metálicas, la pintura intumescente r90 es especialmente utilizada en zonas críticas, mientras que en elementos secundarios o menos expuestos puede optarse por soluciones R60 para equilibrar coste y rendimiento.
Todos los materiales empleados deben contar con certificados de reacción y resistencia al fuego conforme a las normas UNE EN 13501-1 y UNE EN 13502-1. El marcado CE de productos facilita el cumplimiento de estos requisitos, pero en sistemas no convencionales es necesario un informe de idoneidad técnica registrado oficialmente.
En elementos como fachadas ventiladas, falsos techos o patinillos, se exige garantizar la continuidad de la compartimentación, evitando que los espacios ocultos se conviertan en vías de propagación de humo o llamas.
En la fase de diseño, la elección de materiales y tratamientos ignífugos debe alinearse con las exigencias del CTE. Por ejemplo:
En edificios con estructura metálica expuesta, aplicar pintura intumescente R90 en pilares principales y R60 en vigas secundarias optimiza costes y mantiene la seguridad.
En colegios con cubiertas ligeras metálicas, reforzar con recubrimientos ignífugos y sellados en juntas para evitar la transmisión de calor.
En muros divisorios, emplear paneles EI 120 para una mayor protección y compartimentación eficaz.
La aplicación estricta del Código Técnico de la Edificación en colegios es esencial para garantizar la seguridad de alumnos y personal. El uso combinado de soluciones R90 y R60, adaptadas a la importancia de cada elemento estructural, permite cumplir con la normativa, optimizar costes y mantener la integridad del edificio frente a un incendio. En un entorno educativo, donde la protección de vidas es prioritaria, cada minuto de resistencia ganado puede marcar la diferencia.